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La Guerra fria entre EEUU – URSS





Estados Unidos dominó los asuntos internacionales en los primeros años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Luego de su victoria en la gran contienda y al ver que su patria se había librado de la devastación de la guerra, los estadounidenses se sentían confiados de su misión, tanto en el ámbito nacional como en el exterior.

La Guerra fria La Guerra fria entre EEUU   URSS

La Guerra fria entre EEUU – URSS

Los líderes del país deseaban preservar la estructura democrática que habían defendido a tan enorme costo, y querían compartir los beneficios de la prosperidad en la forma más amplia posible. Para ellos, igual que para el editor de la revista Time, Henry Luce, éste era “el siglo de los EUA”.

 

Durante 20 años, la mayoría de los norteamericanos se sintieron seguros de este enfoque basado en la confianza. Por eso aceptaron la necesidad de asumir una posición fuerte frente a la URSS, en la Guerra Fría que se desenvolvió a partir de 1945. Ellos estaban de acuerdo con el crecimiento de la autoridad del gobierno y aceptaron las líneas generales del estado benefactor, formuladas por vez primera en el Nuevo Trato. Se disfrutaba entonces la prosperidad de la posguerra, que creó nuevos niveles de riqueza en los EUA.

 

Sin embargo, algunos estadounidenses empezaron a poner en duda, poco a poco, los supuestos básicos de la vida en su país. Las impugnaciones surgidas de muy diversos frentes acabaron con el consenso. En la década de 1950, los estadounidenses de origen africano iniciaron una cruzada, a la que más tarde se unirían otros grupos minoritarios y también las mujeres, con el anhelo de gozar de una porción mayor del sueño estadounidense. En los años 60, los estudiantes activos en política protestaron por el papel de su país en el exterior, sobre todo en la debilitante guerra de Vietnam, y así una contracultura juvenil impugnó el statu quo de los valores norteamericanos. Los más diversos sectores de la población deseaban crear un nuevo equilibrio en los EUA.

 

 

LOS OBJETIVOS DE LA GUERRA FRÍA

 

La Guerra Fría fue la cuestión política más importante en los primeros años de la posguerra, y surgió de un viejo desacuerdo entre la URSS y los EUA. En 1918 algunos soldados estadounidenses tomaron parte en la intervención de los Aliados en Rusia, a favor de las fuerzas antibolcheviques. Además, los EUA no le dieron su reconocimiento diplomático al régimen bolchevique sino hasta 1933, y aun entonces lo veían con sospecha. Sin embargo los dos países lucharon como aliados en la Segunda Guerra Mundial y pasaron por alto sus diferencias para encarar el peligro nazi.

 

Cuando la guerra acabó, el antagonismo volvió a aflorar. Los EUA esperaban compartir con otras naciones sus ideales de libertad, igualdad y democracia. Mientras el resto del mundo estaba en un torbellino, abrumado por guerras civiles e imperios que se desintegraban, este país esperaba aportar la estabilidad necesaria para hacer posible la reconstrucción pacífica. Incapaces de olvidar el espectro de la Gran Depresión (1929-1940), los EUA alentaban ahora su posición a favor del libre comercio, y trataban de suprimir las barreras comerciales, tanto con el fin de crear mercados para sus productos agrícolas e industriales excedentes, como para garantizar que las naciones del oeste europeo tendrían la capacidad de exportar, como el medio apropiado para generar crecimiento económico y reconstruir sus economías. Se creía que la reducción de las barreras al comercio fomentaría el crecimiento económico en el país y en el extranjero, y reforzaría la estabilidad entre los amigos y aliados de los EUA.

 

La URSS tenía su propia agenda. La tradición histórica rusa de gobiernos fuertes, centralizados e incluso autocráticos, contrastaba con el énfasis de los EUA en la democracia. La ideología marxista-leninista se atenuó durante la guerra, pero seguía siendo la guía de la política soviética. Devastada por una lucha en la que murieron 20 millones de ciudadanos, la URSS estaba decidida a llevar a cabo su reconstrucción y protegerse de la posibilidad de otro conflicto. A los soviéticos les inquietaba sobre todo la perspectiva de que su territorio fuera invadido otra vez desde el oeste. Después de haber repelido los embates de Hitler, estaban decididos a evitar otro ataque de esa índole. La URSS exigía fronteras “defendibles” en el este de Europa y gobiernos que simpatizaran con sus propósitos. En cambio los EUA habían declarado que el restablecimiento de la independencia y el autogobierno en Polonia, Checoslovaquia y los demás países del centro y el este de Europa había sido uno de sus objetivos en la guerra.

 

 

EL LIDERAZGO DE HARRY TRUMAN

 

Harry Truman fue el sucesor de Franklin D. Roosevelt en la presidencia, antes del final de la guerra. Por ser un hombre sin pretensiones, que ya había sido senador demócrata por Missouri y después fue vicepresidente, Truman sintió al principio que no estaba bien preparado para gobernar a su país. Su experiencia no era muy vasta en asuntos internacionales, porque Roosevelt no le quiso confiar el manejo de los complejos problemas de la posguerra. “No soy lo bastante grande para este trabajo”, le dijo una vez a un ex colega.

 

A pesar de todo Truman respondió sin dilación a los nuevos retos. Dotado de un carácter impulsivo, él demostró que estaba resuelto a tomar decisiones expeditas en torno a los problemas que se le presentaban. Sobre su escritorio de la Casa Blanca tenía un letrero que se hizo célebre en la política de los EUA y decía así: “Aquí es donde para la pelota”, que denotaba su voluntad de asumir la responsabilidad de sus actos. Sus juicios sobre el modo de responder ante la URSS tuvo una influencia capital en los albores de la Guerra Fría.

 

 

EL ORIGEN DE LA GUERRA FRÍA

 

La Guerra Fría se desarrolló a medida que las diferencias de opinión, sobre la fisonomía que debía tener el mundo de la posguerra, dieron lugar a un clima de suspicacia y desconfianza entre los EUA y la URSS. Polonia fue la causa del primero de sus conflictos, pues Moscú exigía un gobierno sometido a la influencia de la URSS, y Washington quería instaurar allí un gobierno más independiente y representativo, de acuerdo con el modelo occidental. En febrero de 1945, la Conferencia de Yalta había producido un acuerdo de amplio alcance, que se prestaba a distintas interpretaciones. Una de sus disposiciones era la promesa de realizar en Polonia elecciones “libres y sin restricciones”.

 

En su primera reunión con el ministro soviético de asuntos externos, Vyacheslav Molotov, Truman reveló su intención de mantenerse firme en defensa de la autodeterminación de Polonia, y le expuso al diplomático soviético la necesidad de poner en vigor los acuerdos de Yalta. Cuando Molotov replicó: “Nunca en mi vida me habían hablado de ese modo”, Truman le respondió: “Cumpla usted sus acuerdos y nadie le hablará en esa forma”. Las relaciones se deterioraron a partir de ese momento.

 

En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas militares de la URSS ocuparon todo el centro y el este de Europa. Moscú usó su poder militar para apoyar los esfuerzos de los partidos comunistas de Europa oriental y para frustrar los empeños de los demócratas. Los partidos comunistas leales a Moscú cobraron muy pronto más poder e influencia en todos los países de la región, y culminó con un golpe de estado perpetrado en Checoslovaquia en 1948.

 

Por medio de declaraciones públicas se definió el comienzo de la Guerra Fría. Stalin declaró en 1946 que la paz internacional no sería posible “con el desarrollo capitalista actual de la economía mundial”. El primer ministro de la Gran Bretaña durante la guerra, Winston Churchill, pronunció un dramático discurso en Fulton, Missouri, y Truman estuvo junto a él en el estrado. “Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático”, dijo Churchill, “una cortina de hierro ha descendido a través del continente”, y añadió que los pueblos de habla inglesa trabajarían juntos para contener la amenaza soviética.

 

 

LA CONTENCIÓN

 

El objetivo de política de los EUA en los años de la posguerra fue contener a la URSS. George Kennan, un alto funcionario de la embajada de los EUA en Moscú, definió ese nuevo enfoque en un largo telegrama que envió a la Secretaría de Estado en 1946. Cuando regresó a su patria, él mismo amplió su análisis, en un artículo publicado con la firma “X”, en el prestigioso periódico Foreign Affairs. En una alusión al tradicional sentimiento de inseguridad de Rusia, Kennan dijo que la URSS no suavizaría su posición por ningún concepto, y agregó: Moscú está “comprometido en forma fanática con la idea de que no era posible tener un modus vivendi permanente con los EUA, y que era deseable y necesario perturbar la armonía interna de nuestra sociedad”. La presión de Moscú por expandir su poder tendría que ser neutralizada con una “labor firme y vigilante para contener la tendencia expansionista de Rusia…”.

 

La doctrina de la contención se aplicó por vez primera de modo significativo en el este del Mediterráneo. Gran Bretaña había apoyado a Grecia, donde las fuerzas comunistas amenazaban a la monarquía gobernante en una guerra civil, y a Turquía, a la cual la URSS le exigía concesiones territoriales y el derecho de construir bases navales en el Bósforo. En 1947 Gran Bretaña informó a los EUA que ya no podría costear esa ayuda. De inmediato la Secretaría de Estado de los EUA ideó un plan para ofrecer su asistencia. Sin embargo, algunos líderes del Senado, como Arthur Vandenberg, le dijeron a Truman que una nueva política intervencionista sólo sería posible si él estaba dispuesto a “aterrorizar al máximo a su propio país”.

 

Truman estaba dispuesto a hacerlo. En una declaración que se llegó a conocer como la Doctrina Truman, él dijo: “A mi juicio, la política de los EUA debe consistir en apoyar a los pueblos libres que hoy se resisten a ser subyugados por minorías armadas o por las presiones del exterior”. Con ese propósito solicitó al Congreso 400 millones de dólares, a fin de dar ayuda económica y militar a Grecia y a Turquía, y esa suma le fue concedida.

 

La verdad es que tanto Truman como toda la sociedad de su país tuvieron que pagar un precio por la victoria. Para lograr que sus compatriotas apoyaran la política de contención, Truman exageró la amenaza soviética ante su pueblo. A su vez, ese tipo de declaraciones provocó una oleada de histeria anticomunista en todo el país, y preparó el terreno para el surgimiento del macartismo.

 

La contención requirió de mucho apoyo económico para ayudar a la recuperación del oeste de Europa, devastado por la guerra. Al ver la inestabilidad económica y política que privaba en muchos de los países de la región, los EUA temían que los partidos comunistas locales, dirigidos por Moscú, capitalizaran la resistencia que opusieron a los nazis en la guerra y accedieran al poder. Era preciso hacer algo, dijo el secretario de estado George Marshall, porque “el paciente se consume mientras los médicos deliberan”. Marshall había sido el oficial de más alto rango en las fuerzas armadas de los EUA, y se le reconocía como el principal organizador de la victoria militar de las mismas en la Segunda Guerra Mundial. A mediados de 1947, Marshall invitó a los atribulados países de Europa a elaborar un programa “que no iría dirigido contra ningún país o doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos”. Los rusos participaron en la primera reunión de planificación, pero después se retiraron, negándose a compartir los datos económicos sobre sus propios recursos y problemas, y a someter al control de Occidente los egresos destinados a la ayuda. Los 16 países restantes elaboraron una petición de fondos, que arrojó la cifra final de 17.000 millones de dólares, para un periodo de cuatro años. A principios de 1948 el Congreso aprobó por votación el programa conocido como el “Plan Marshall”, para ayudar a la recuperación económica de Europa, que se considera en general como la iniciativa de política exterior que ha tenido más éxito en la historia de los EUA.

 

La Alemania de posguerra se dividió según las zonas de ocupación de los EUA, la URSS, Gran Bretaña y Francia, y la ex capital del país, Berlín (dividida a su vez en cuatro zonas), quedó ubicada casi en el centro de la zona soviética. Los EUA, Gran Bretaña y Francia habían discutido la posibilidad de convertir sus respectivas zonas en una sola república, dotada de su propio gobierno. Sin embargo la URSS se opuso a los planes de unir a Alemania y así se suspendieron las conversaciones de nivel ministerial sobre ese tema entre las cuatro potencias. Cuando las potencias de Occidente anunciaron su intención de crear un estado federal consolidado a partir de sus respectivas zonas, Stalin reaccionó. El 23 de junio de 1948, las fuerzas soviéticas bloquearon Berlín, interrumpiendo todas las vías de acceso, por carretera y ferrocarril, desde el Occidente.

 

Los líderes estadounidenses temían que la pérdida de Berlín fuera sólo el preludio de la pérdida de Alemania y, más tarde, de toda Europa. Por lo tanto, en una venturosa demostración de la firmeza de Occidente, que se llegó a conocer como “El puente aéreo de Berlín”, la fuerza aérea de los Aliados alzó el vuelo para llevar provisiones a esa ciudad. Los aviones de los EUA, Francia y Gran Bretaña transportaron casi 2.250.000 toneladas de productos, entre ellos alimentos y carbón. Stalin levantó el bloqueo al cabo de 231 días y 277.264 vuelos.

 

La influencia soviética en Europa oriental alarmó al Occidente. Estados Unidos encabezó los esfuerzos para crear una alianza militar como complemento de las medidas económicas de contención. En 1949 los EUA y otros 11 países fundaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza basada en el principio de la seguridad colectiva. Un ataque a cualquiera de sus miembros se interpretaría como una agresión contra todos ellos, y se le haría frente con la fuerza adecuada.

 

Al año siguiente los EUA definieron con claridad sus objetivos de defensa. El Consejo Nacional de Seguridad (CNS) emprendió una revisión cabal de la política exterior y de defensa del país. El documento resultante, conocido como el NSC-68, marcó un nuevo rumbo en la política de seguridad estadounidense. A partir del supuesto de que “la URSS se debatía en un esfuerzo fanático por controlar a todos los gobiernos, siempre que tal cosa fuera posible”, el documento comprometió a los EUA a ayudar a los países aliados en cualquier lugar del mundo que pareciera estar amenazado por la agresión soviética. Los EUA se apresuraron a aumentar en forma notable sus gastos de defensa, en respuesta a la amenaza de la URSS contra Yugoslavia y la presencia estadounidense, británica y francesa en Berlín Occidental.

 

 

LA GUERRA FRÍA EN ASIA Y EN EL MEDIO ORIENTE

 

Al mismo tiempo que trataban de impedir que la ideología comunista ganara más adeptos en Europa, los EUA respondieron a los desafíos en otros lugares. En el caso de China, los estadounidenses estaban preocupados por los progresos de Mao Zedong y de su partido comunista. En la Segunda Guerra Mundial, el gobierno nacionalista de Chiang Kai-chek se enfrascó en una guerra civil contra las fuerzas comunistas, al mismo tiempo que combatía a los japoneses. Chiang había sido un aliado durante la guerra, pero ni el apoyo de los EUA fue capaz de sostener a un gobierno que era del todo ineficaz y corrupto. Las fuerzas de Mao tomaron al fin el poder en 1949 y cuando él anunció que su nuevo régimen apoyaría a la URSS contra los “imperialistas” EUA, eso pareció indicar que el comunismo se estaba propagando sin el menor control, por lo menos en Asia.

 

La Guerra de Corea dio lugar a un conflicto armado entre los EUA y China. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados dividieron Corea a lo largo del paralelo 38, después de haberla liberado de los nipones. La URSS aceptó la rendición de Japón al norte del paralelo 38, y los estadounidenses la aceptaron en el sur. Adoptada en un principio por mera conveniencia militar, la línea divisoria se tornó más rígida al aumentar las tensiones de la Guerra Fría. Las dos grandes potencias instalaron sendos gobiernos en sus respectivas zonas de ocupación y les siguieron dando su apoyo aun después de su partida.

 

En junio de 1950 los soldados de Corea del Norte cruzaron el paralelo 38 y atacaron al sur, neutralizando a Seúl. Al comprender que los norcoreanos eran peones de la URSS en la lucha por el mundo, Truman envió a Corea a las fuerzas armadas de los EUA, comandadas por el general Douglas MacArthur. Entre tanto, Washington logró que la ONU expidiera una resolución en la cual se señalaba a Corea del Norte como el agresor. (La URSS, que habría podido vetar la decisión si hubiera ocupado su escaño en el Consejo de Seguridad, se había retirado para boicotear a la ONU, en protesta porque éstas no admitieron en sus filas a la República Popular de China.)

 

La guerra fue un continuo vaivén. Al principio, las fuerzas estadounidenses y coreanas fueron repelidas muy al sur, hasta un enclave en las estribaciones de la ciudad de Pusan. Un audaz desembarco anfibio en Inchon, el puerto de la ciudad de Seúl, obligó a los norcoreanos a retroceder; no obstante, a medida que la lucha se acercaba a la frontera de China, este país se incorporó a la guerra y envió enormes masas de combatientes a través del río Yalu. Las fuerzas de la ONU, en gran parte estadounidenses, retrocedieron una vez más en la cruenta lucha, pero poco a poco se recuperaron y se abrieron paso una vez más hasta el paralelo 38.

 

Cuando MacArthur violó el principio del control civil sobre los militares, al tratar de obtener el apoyo del público para bombardear a China y permitir que las fuerzas nacionalistas lanzaran una invasión contra la parte continental de ese país, Truman lo acusó de insubordinación, lo relevó del mando y nombró en su lugar al general Matthew Ridgeway. Lo que se jugaba en la Guerra Fría parecía ser muy valioso, y el esfuerzo del gobierno por mantener la contienda en una escala limitada provocó la frustración de muchos estadounidenses que no acertaban a entender la necesidad de tanta moderación. La popularidad de Truman cayó a un índice de aprobación de sólo 24%, el más bajo obtenido por un presidente desde que se empezaron a hacer encuestas para calcular la popularidad del mismo.





 

Las conversaciones para concertar una tregua empezaron en julio de 1951. Los dos bandos llegaron por fin a un acuerdo en julio de 1953, en el primer periodo presidencial de Dwight Eisenhower, el sucesor de Truman.

 

La lucha de la Guerra Fría se producía también en el Medio Oriente. Con su gran importancia estratégica como proveedora de petróleo, la región parecía vulnerable en 1946, cuando las fuerzas armadas de la URSS rompieron su promesa y no se retiraron de Iraq, a pesar de que las tropas británicas y estadounidenses ya se habían marchado. Los EUA exigieron que la ONU condenara a Moscú por no haber retirado a sus soldados. Cuando Washington se enteró de que los tanques soviéticos entraban a la región, se dispuso a la confrontación directa. Ante tal resolución de Washington, los soviéticos retiraron sus fuerzas armadas.

 

Al cabo de dos años, y sólo 15 minutos después de que el nuevo estado de Israel había sido proclamado, los EUA lo reconocieron en forma oficial (esa decisión de Truman fue recibida con mucha resistencia por Marshall y por la Secretaría de Estado). Aun cuando empezaron a forjar nexos estrechos con Israel, los EUA querían conservar también la amistad de los estados árabes, enemigos de los israelíes.

 

 

EISENHOWER Y LA GUERRA FRÍA

 

Dwight D. Eisenhower, quien llegó a la presidencia en 1953, fue muy distinto de su antecesor. Con el prestigio de un héroe de guerra, él tenía un estilo doméstico y natural que le ganó una gran popularidad. “I Like Ike” (“Me gusta Ike”) era una consigna que se oía en todas partes durante su campaña. En los años de la posguerra, él fue jefe del estado mayor del ejército, rector de la Universidad Columbia y, por último, jefe de la OTAN, antes de aspirar a la candidatura presidencial por el Partido Republicano. Aun cuando era muy hábil para lograr que la gente trabajara en equipo, trató de desempeñar un papel público muy moderado.

 

Como quiera que fuese, Eisenhower tenía en esencia la misma opinión que Truman acerca de la política exterior de los EUA. Igual que su antecesor, él veía al comunismo como una fuerza monolítica que pugnaba por la supremacía mundial. Él creía que Moscú estaba preparando una revolución en todo el orbe. En su primer discurso como presidente, dijo: “Las fuerzas del bien y el mal convocan grandes masas, se arman y se combaten como pocas veces se había visto en la historia. La libertad lucha contra la esclavitud, y la luz contra la oscuridad”.

 

En el cargo, Eisenhower y su secretario de estado, John Foster Dulles, argumentaron que la contención no era suficiente para frenar la expansión soviética. A su juicio, se necesitaba una política de liberación más agresiva, a favor de los que estaban sojuzgados por el comunismo. Sin embargo, a pesar de toda su retórica, cuando estallaron rebeliones democráticas en los países dominados por la URSS -como en Hungría en 1956- los EUA se mantuvieron retraídos mientras las fuerzas soviéticas las sofocaban.

 

Eisenhower seguía firme en su compromiso básico de contener al comunismo, y por eso le dio tanto énfasis a la creación de un escudo nuclear para proteger a los EUA. En la Segunda Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan permitió la fabricación de las primeras bombas atómicas. En 1950 Truman autorizó el desarrollo de la nueva y más potente bomba de hidrógeno. Eisenhower propuso entonces una política de “represalias masivas”, con el fin de imponer el control en los gastos del presupuesto. Bajo esta doctrina, el país estaría dispuesto a usar armas atómicas en caso de que su territorio o sus intereses vitales se vieran amenazados por un ataque militar.

 

Sin embargo, en la práctica, Eisenhower desplegó con gran cautela las fuerzas militares de su país, pues se opuso a todas las sugerencias de usar armas nucleares en Indochina, cuando los franceses fueron expulsados por las fuerzas comunistas de Vietnam, o bien en Taiwán, donde los EUA se habían comprometido a defender al régimen nacionalista chino contra los ataques de la República Popular de China.

 

En el Medio Oriente, Eisenhower se opuso al uso de la fuerza cuando las tropas de la Gran Bretaña y Francia ocuparon el Canal de Suez, e Israel invadió el Sinaí en 1956, poco después que Egipto nacionalizó el canal. Bajo la intensa presión de los EUA, las fuerzas británicas, francesas e israelíes se retiraron de Egipto, y éste logró conservar el control del canal.

 

 

LA GUERRA FRÍA EN EL PLANO NACIONAL

 

La Guerra Fría no sólo le dio forma a la política exterior estadounidense, sino también tuvo un profundo efecto en los asuntos internos. Por largo tiempo los estadounidenses habían temido una subversión radical, y en la época del “espantajo rojo” de 1919 y 1920, el gobierno se propuso suprimir las amenazas que la sociedad del país percibía a ese respecto. Después de la Segunda Guerra Mundial, se redoblaron los esfuerzos para desarraigar todos los posibles vestigios del comunismo en los EUA.

 

Los eventos del exterior y los escándalos en torno al espionaje ayudaron a crear la histeria anticomunista de esa época. En 1949 la URSS ensayó su propia bomba atómica, lo cual estremeció a los estadounidenses por el temor de que su país pudiera ser blanco de un ataque soviético. Alger Hiss, que había sido secretario adjunto de estado y asesor de Roosevelt en Yalta, fue acusado por el ex agente soviético Whitaker Chambers de ser un espía comunista, en 1948. Hiss negó la acusación, pero en 1950 fue condenado por perjurio. Por último, en ese mismo año, el gobierno descubrió una red de espionaje británico-estadounidense que enviaba diversos materiales a la URSS, sobre el desarrollo de la bomba atómica. El arresto y el juicio de Ethel y Julius Rosenberg, por el cargo de revelar secretos atómicos, reforzó la sensación de que existía un peligro comunista dentro del país. El procurador general J. Howard McGrath declaró que había muchos estadounidenses comunistas y que cada uno de ellos llevaba “el germen de la muerte de toda la sociedad”.

 

Cuando los republicanos salieron victoriosos en las elecciones de medio periodo para elegir a los miembros del Congreso en 1946, y se mostraron dispuestos a investigar las actividades subversivas, el presidente instituyó un Programa sobre la Lealtad de los Empleados Federales. Con frecuencia los trabajadores que eran impugnados por su filiación presente y pretérita tenían pocas oportunidades de defenderse.

 

El Congreso puso en marcha su propio programa de investigaciones en torno a la lealtad. En 1947, el Comité de la Cámara sobre Actividades Antinorteamericanas investigó a la industria cinematográfica a fin de determinar si en los filmes más populares se reflejaban sentimientos comunistas. Algunos escritores que se negaron a dar testimonio fueron obligados a comparecer, bajo cargos de desacato, y enviados a la cárcel. La respuesta de Hollywood fue claudicar y negarse a contratar a personas cuyo pasado fuera cuestionable.

 

En realidad el luchador más esforzado contra el comunismo fue el senador Joseph R. McCarthy, un republicano de Wisconsin. Él atrajo la atención del país en 1950, cuando dijo que tenía en su poder una lista de 205 comunistas conocidos que trabajaban en la Secretaría de Estado. Aun cuando el senador cambió más tarde la cifra en varias ocasiones y no pudo comprobar ninguna de sus acusaciones, tocó una cuerda sensible del público.

 

McCarthy adquirió poder en 1952, cuando el Partido Republicano obtuvo el control del Senado, y a raíz de que fue nombrado presidente de un comité, pudo contar con un foro para su propia cruzada. Por medio de una amplia cobertura de prensa y televisión, el senador no dejó de hacer acusaciones de traición contra funcionarios del más alto nivel. De acuerdo con su fama de rudeza, él recurrió muchas veces a la vulgaridad al describir a los “viles y procaces” personajes que eran blanco de su ataque.

 

Sin embargo McCarthy fue demasiado lejos. Aun cuando las encuestas mostraban que la mitad de la población lo apoyaba, McCarthy se extralimitó al desafiar al Ejército de los EUA porque uno de sus ayudantes había sido reclutado. La televisión -que estaba en sus inicios- llevó las audiencias a millones de hogares. Entonces muchos estadounidenses vieron por vez primera las tácticas salvajes de McCarthy, y el apoyo del público se empezó a esfumar. Al final, el Senado lo condenó por su conducta.

 

Sin embargo, antes de esa condena, McCarthy tuvo un enorme poder en los EUA. Él les dio un chivo expiatorio a los que se angustiaban por el estancamiento de la situación en Corea o por las conquistas del comunismo. Él intensificó los temores engendrados por la campaña anticomunista del gobierno de Truman y legitimó una serie de tácticas, que a menudo se usaron contra gente inocente. En suma, McCarthy encarnó los peores excesos de la Guerra Fría en el país.

 

 

LA ECONOMÍA DE POSGUERRA: 1945-1960

 

A medida que la Guerra Fría se fue desenvolviendo, en los tres lustros posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los EUA lograron un crecimiento económico asombroso. La guerra trajo de nuevo la prosperidad, y en la posguerra los EUA consolidaron su posición como la nación más rica del mundo. El producto nacional bruto, que es una medida del total de bienes y servicios producidos en un país, aumentó en los EUA de casi 200.000 millones de dólares en 1940 a 300.000 millones en 1950, y a más de 500.000 millones en 1960. Cada día era más alto el número de estadounidenses que se veían a sí mismos como parte de la clase media.

 

El crecimiento tuvo distintas fuentes. La industria del automóvil fue una de las causas, pues el número de vehículos fabricados cada año se cuadruplicó entre 1946 y 1955. El auge de la construcción de viviendas, alentado en parte por las facilidades concedidas a los ex combatientes para la obtención de hipotecas, fomentó la expansión. El aumento de los gastos para la defensa hizo también su aportación a ese respecto cuando la Guerra Fría se recrudeció.

 

A partir de 1945, el crecimiento de las grandes corporaciones de los EUA se hizo aún más rápido. Ya había tenido lugar una oleada de fusiones en la década de 1890 y en la de 1920, y se produjo una oleada más en la de 1950. Los nuevos conglomerados -firmas que tenían participación en diversas industrias- iban a la cabeza. La International Telephone and Telegraph, p. ej., compró los hoteles Sheraton, Continental Baking, Hartford Fire Insurance y Avis Rent-a-Car, entre otras firmas. Las operaciones más pequeñas a base de franquicias, como los restaurantes McDonald’s de comida rápida, establecieron una pauta más. También las grandes corporaciones abrieron plantas en el extranjero, donde a menudo el costo de la mano de obra era más bajo.

 

Los trabajadores vieron cómo cambiaba su vida a medida que se transformaba el sector industrial de los EUA. Los bienes se producían con menos mano de obra y aumentaba el número de trabajadores en el sector de los servicios. En 1956 la mayoría de los empleados realizaban tareas de tipo intelectual, ya sea como gerentes de empresas, maestros, vendedores o empleados de oficina. Algunas firmas les ofrecían un salario anual garantizado, empleo a largo plazo, contratos y otras prestaciones. A causa de esos cambios, la militancia sindical se debilitó y las diferencias de clase se empezaron a desvanecer en ciertos aspectos.

 

Por su parte, los granjeros vivían una época difícil. El aumento de la productividad dio lugar a la consolidación en el agro, y la agricultura se convirtió en un negocio en grande. A causa de ello, a las granjas familiares les fue muy difícil competir y un creciente número de agricultores abandonó la tierra.

 

También otros estadounidenses se mudaron de residencia. Las regiones del oeste y el suroeste siguieron creciendo en los años de la posguerra, según una tendencia que habría de continuar hasta el final del siglo. Las ciudades de la Franja del Sol, como Houston, Texas; Miami, Florida; Albuquerque, Nuevo México; y Tucson y Phoenix, Arizona, se expandieron con rapidez; su crecimiento fue acicateado en gran parte por la construcción de diversas instalaciones militares en la región. Los Angeles, California le ganó la delantera a Filadelfia, Pennsylvania, como la tercera ciudad entre las más grandes de los EUA. En 1963, California ya tenía más población que Nueva York.

 

Un tipo de movimiento demográfico aún más importante hizo que los estadounidenses emigraran del centro de las ciudades y se instalaran en nuevos suburbios, donde las familias más extensas, surgidas en la posguerra a raíz del auge de los nacimientos, esperaban encontrar vivienda a precio accesible. Varios urbanistas, como William J. Levitt, construyeron nuevas comunidades -donde todas las casas tenían el mismo aspecto- con las técnicas de la producción en masa. Las casas de Levitt eran prefabricadas, o bien una parte de su montaje se hacía en la fábrica, y no en su ubicación definitiva. Las viviendas eran modestas, pero los métodos de Levitt abatieron los costos y permitieron que nuevos propietarios se adueñaran de una parte, por lo menos, del sueño norteamericano.

 

Cuando los suburbios crecieron, las empresas se mudaron también a las nuevas áreas. Grandes centros comerciales, que alojaban una gran variedad de tiendas, cambiaron los hábitos de consumo. El número de esos centros aumentó, de 8 al final de la Segunda Guerra Mundial, a 3.840 en 1960. Al contar con cómodos estacionamientos y horarios accesibles, esas instalaciones permitían que sus clientes casi nunca tuvieran que ir de compras al centro de la ciudad.

 

Las nuevas carreteras brindaron un mejor acceso a los suburbios y a sus tiendas. La Ley de Carreteras de 1956 dispuso la asignación de 26.000 millones de dólares, la más cuantiosa para el rubro de obras públicas en toda la historia de los EUA, a fin de construir más de 64.000 kilómetros de carreteras federales y comunicar entre sí a todas las regiones del país.

 

La televisión tuvo también un impacto poderoso sobre las pautas sociales y económicas. Aun cuando fue perfeccionada en la década de 1930, su difusión comercial no se realizó sino hasta después de la guerra. En 1946 había menos de 17.000 receptores de televisión en el país. Más tarde los consumidores compraban 250.000 televisores al mes, y en 1960 las tres cuartas partes de las familias del país tenían por lo menos uno de esos aparatos. A mediados de la década, la familia promedio pasaba cuatro o cinco horas al día frente al televisor. Algunos de los programas más populares entre los niños eran Howdy Doody Time y The Mickey Mouse Club; y los espectadores de la ciudad preferían las comedias de situaciones, como I Love Lucy (Yo quiero a Lucy) y Father Knows Best (Papá lo sabe todo). Así fue como los estadounidenses de todas las edades quedaron expuestos a una publicidad cada día más sofisticada, la cual les mostraba los productos que, según se les decía, eran necesarios para la buena vida.

 

 

EL TRATO JUSTO

 

El programa nacional de Harry Truman recibió el nombre de “El Trato Justo”. A partir de la idea del Nuevo Trato de Roosevelt, Truman consideró que el gobierno federal debía garantizar las oportunidades económicas y la estabilidad social, y luchó para alcanzar esos fines contra la feroz oposición política de los legisladores conservadores que estaban decididos a reducir el papel del gobierno.

 

La primera prioridad de Truman en el periodo inmediato de la posguerra consistió en realizar la transición a una economía de tiempos de paz. Los soldados tenían prisa por volver a su hogar, pero en cuanto lo hacían se enfrentaban a una feroz competencia para encontrar vivienda y empleo. La Ley de los Conscriptos, aprobada antes del final de la guerra, ayudó a facilitar la reintegración de éstos a la vida civil, pues les brindó diversos beneficios, como préstamos con garantía para la construcción de viviendas y ayuda financiera para su capacitación industrial o su educación universitaria. Sin embargo, lo más inquietante era el descontento laboral. Cuando cesó la producción para la guerra, muchos trabajadores perdieron su empleo y otros exigieron aumentos de salario, que a su juicio se les debían desde mucho tiempo atrás. En 1946 se declararon en huelga 4,6 millones de trabajadores, más que nunca antes en la historia de los EUA. Ellos fueron un reto contra las industrias del automóvil, del acero y de la electricidad. Cuando los sindicatos se lanzaron contra los ferrocarriles y las minas de carbón blando, Truman intervino y lo único que logró fue distanciarse de muchos de sus conciudadanos de la clase trabajadora.

 

Truman se ocupó sin duda de los problemas inmediatos más apremiantes, pero propuso también una agenda de acción más amplia. A menos de una semana del final de la guerra, él le presentó al Congreso un programa de 21 puntos, donde dispuso medidas de protección contra las prácticas injustas en materia de empleo, un salario mínimo más alto, mayor compensación por desempleo y asistencia para la vivienda. En los meses siguientes hizo también otras propuestas acerca de un seguro de salud y presentó leyes sobre la energía atómica. A pesar de todo, ese enfoque tan disperso hizo que las prioridades de Truman parecieran a menudo poco claras.

 

Los republicanos se apresuraron a atacar. En las elecciones del Congreso en 1946, ellos preguntaron: “¿Crees que ya fue suficiente?”, y los votantes les respondieron que sí. Al contar con una mayoría en las dos cámaras del Congreso por vez primera desde 1928, los republicanos estaban decididos a invertir el rumbo liberal de los años de Roosevelt.

 

Truman luchó contra el Congreso cuando éste redujo los gastos y los impuestos. En 1948 él aspiró a la reelección, a pesar de que las encuestas mostraban que no tenía ni la menor posibilidad de lograrlo. Después de una vigorosa campaña, Truman dio una de las sorpresas más grandes en la política de los EUA al vencer al candidato republicano, Thomas Dewey, quien era gobernador de Nueva York. Truman revivió la antigua coalición del Nuevo Trato, con lo cual se granjeó el apoyo de los obreros, los agricultores y los votantes negros, y ganó otro periodo en la presidencia.

 

Cuando Truman dejó por fin el cargo en 1953, su programa del Trato Justo sólo había tenido un éxito ambiguo. En julio de 1948 prohibió la discriminación racial en la contratación de empleados del gobierno federal, y ordenó que terminara la segregación en las fuerzas militares. El salario mínimo se elevó y los planes de seguridad social se ampliaron mucho. Un programa de vivienda tuvo algunos aciertos, pero no logró satisfacer muchas necesidades. Las medidas para un seguro nacional de salud y el plan de ayuda a la educación no fueron aprobados por el Congreso. La preocupación de Truman por los asuntos de la Guerra Fría le restó eficacia en su propio país, sobre todo porque se tuvo que enfrentar a una intensa oposición.

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