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La Guerra de la Independencia de EEUU





La Guerra de la Independencia de EEUU

El General Thomas Cage, un afable caballero inglés cuya esposa nació en América del Norte, estaba al mando de la guarnición en Boston, donde la actividad política ya había suplantado casi por completo al comercio. La misión principal de Cage en las colonias consistía en velar por el cumplimiento de las Leyes de Coerción.

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Cuando Cage supo la noticia de que los colonos de Massachusetts estaban haciendo acopio de pólvora y pertrechos militares en la ciudad de Concord, a 32 kilómetros de allí, envió un fuerte destacamento de la guarnición para que confiscara ese arsenal.

Después de caminar toda la noche, la tropa británica llegó al poblado de Lexington el 19 de abril de 1775, y vio una amenazadora banda de 70 milicianos -conocidos como los "hombres minuto" porque, según se decía, en ese breve lapso podían estar prestos para el combate- entre la niebla de las primeras horas de la mañana. El único propósito de los milicianos era realizar una protesta silenciosa, pero el Mayor John Pitcairn, líder de la tropa británica, gritó: "¡Dispersaos, malditos rebeldes!" "¡Huid, perros!". El líder de los milicianos, Capitán John Parker, ordenó a sus tropas que no hicieran fuego, a menos que les dispararan. Cuando los norteamericanos se retiraban, alguien hizo un disparo y la tropa británica abrió fuego contra los milicianos. En seguida los ingleses cargaron con bayoneta, dejando un saldo de ocho muertos y 10 heridos. Según la muy citada frase de Ralph Waldo Emerson, ese fue "el disparo que se oyó en todo el mundo".

Los británicos continuaron su avance hasta Concord. Los norteamericanos se habían llevado casi todo el parque, pero los británicos destruyeron lo poco que quedaba. Entre tanto, las fuerzas insurgentes se movilizaron en el campo, avanzaron hacia Concord y les causaron muchas bajas a los británicos, quienes iniciaron el largo regreso a Boston. Sin embargo, a todo lo largo del camino, ocultos detrás de los muros de piedra, los promontorios y las casas, los milicianos "de todas las aldeas y granjas de Middlesex" hacían blanco en las brillantes casacas rojas de los soldados de la Corona. Cuando la exhausta columna llegó a Boston con paso vacilante, sus pérdidas sumaban más de 250 muertos y heridos. Los norteamericanos perdieron 93 soldados.

Cuando aún no dejaban de sonar las alarmas en Lexington y Concord, el Segundo Congreso Continental se reunió en Filadelfia, Pennsylvania, el 10 de mayo de 1775. El día 15 de ese mes, el Congreso votó por levantarse en armas, asignó las milicias coloniales al servicio continental y designó como comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas al Coronel George Washington, de Virginia. Entre tanto, los insurgentes sufrieron muchas bajas en Bunker Hill, en las afueras de Boston (una de las víctimas fue el compañero de Samuel Adams en el Comité de Correspondencia, Joseph Warren). El Congreso ordenó también que varias expediciones de norteamericanos avanzaran rumbo el norte, hasta Canadá, en el otoño. Si bien es cierto que los insurgentes tomaron Montreal más tarde, su asalto invernal contra Quebec fue un fracaso, y al final tuvieron que retroceder hasta Nueva York.

A pesar de que había estallado el conflicto armado, la idea de separarse por completo de Inglaterra aún les parecía repugnante a algunos miembros del Congreso Continental. John Dickinson redactó una resolución en julio, conocida como la Petición de la Rama de Olivo, suplicando al rey que se abstuviera de más acciones hostiles mientras se encontraba la forma de llegar a algún acuerdo. Sin embargo la petición no fue escuchada y el Rey Jorge III hizo una proclamación el 23 de agosto de 1775, declarando que las colonias se hallaban en actitud de rebelión.

Londres tenía la esperanza de que las colonias del sur le fueran leales, en parte porque dependían de la esclavitud. Muchos pobladores de esas colonias temían que una rebelión contra la madre patria desatara también una insurrección de los esclavos contra los hacendados. De hecho el gobernador de Virginia, Lord Dunmore, ofreció la libertad a todos los esclavos que lucharan a favor de los británicos, en noviembre de 1775. Sin embargo, la proclamación de Dunmore hizo que se afiliaran al bando rebelde muchos virginianos que en otras condiciones habrían seguido siendo leales al rey.

El gobernador de Carolina del Norte, Josiah Martin, instó también a los habitantes de Carolina del Norte a mantenerse leales a la Corona. Los 1.500 hombres que respondieron al llamado de Martin fueron derrotados por el ejército revolucionario, antes que la tropa británica llegara en su ayuda.

Los buques de guerra británicos siguieron recorriendo la costa hasta Charleston, Carolina del Sur, y abrieron fuego contra la ciudad a principios de junio de 1776. Pese a todo, los habitantes de esa colonia tuvieron tiempo para preparase, y rechazaron a los británicos a fines del mismo mes. Éstos no habrían de regresar al sur en más de dos años.

 

"COMMON SENSE" E INDEPENDENCIA

Thomas Paine, el teórico político y escritor que llegó a América del Norte en 1774, procedente de Inglaterra, publicó el folleto de 50 páginas intitulado Common Sense (Sentido común) en enero de 1776. En menos de tres meses se vendieron 100.000 ejemplares de ese folleto. Paine atacó la idea de la monarquía hereditaria y dijo que un hombre honrado era más valioso para la sociedad, que "todos los rufianes coronados que ha habido en la historia". Él propuso estas dos opciones: seguir estando sometidos a un rey tiránico y a un gobierno desgastado, o buscar la libertad y la felicidad como una república independiente y autosuficiente. Common Sense circuló en todas las colonias y ayudó a cristalizar el deseo de la independencia.

Sin embargo aún no se realizaba la tarea de obtener la aprobación de cada una de las colonias para una declaración formal. El 10 de mayo de 1776 -a un año de la fecha en que se reunió por vez primera el Segundo Congreso Continental-
se aprobó una resolución en la cual se instaba a la separación. Ahora lo único que faltaba era una declaración formal. El 7 de junio Richard Henry Lee, de Virginia, presentó una resolución donde se declaraba "Que estas Colonias Unidas son y tienen el derecho de ser estados libres e independientes…". Un comité de cinco miembros encabezado por Thomas Jefferson, de Virginia, fue designado de inmediato para que elaborara una declaración formal.

La Declaración de Independencia, que en gran parte fue obra de Jefferson y se proclamó el 4 de julio de 1776, no sólo anunció el nacimiento de una nueva nación, sino también expuso una filosofía de la libertad humana que habría de llegar a ser una fuerza dinámica en el mundo entero. La Declaración se basa en la filosofía política de la Ilustración en Francia e Inglaterra, pero se destaca en ella una influencia en especial: el Second Treatise on Government (Segundo tratado de gobierno) de John Locke. Éste tomó algunas concepciones de los derechos tradicionales de los ingleses y las universalizó, al mostrarlos como los derechos naturales de toda la humanidad. En el conocido pasaje inicial se oye un eco de la teoría del contrato social de Locke como forma de gobierno:
"Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres han sido creados iguales, que fueron dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se incluye el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Que para dar cumplimiento a esos derechos, los hombres han instituido gobiernos, los cuales derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma cualquiera de gobierno llega a ser perjudicial para alcanzar esos fines, el pueblo tiene derecho de cambiarlo o abolirlo, y de instituir un nuevo gobierno, erigiendo sus cimientos sobre los principios, y organizando sus facultades en las formas que el pueblo juzgue más apropiadas para el logro de su seguridad y felicidad".





En la Declaración, Jefferson vinculó en forma directa los principios de Locke con la situación que imperaba en las colonias. Luchar a favor de la independencia de la Unión Americana era tanto como luchar por un gobierno basado en el consentimiento popular, que tomaría el lugar de un gobierno encabezado por un rey que se había "confabulado con otros para someternos a una jurisdicción que es ajena a nuestra constitución y no ha sido reconocida por nuestras leyes…". Sólo un gobierno popular podía garantizar los derechos naturales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. De este modo, luchar por la independencia de la Unión Americana era luchar en nombre de los derechos naturales de uno mismo.

 

DERROTAS Y VICTORIAS

A pesar de que los norteamericanos sufrieron graves tropiezos por varios meses después de haber declarado la independencia, su tenacidad y perseverancia les redituaron buenos dividendos al final. En agosto de 1776, durante la Batalla de Long Island en Nueva York, Washington vio que su posición se volvía insostenible y ordenó una retirada magistral, en pequeñas embarcaciones, desde Brooklyn hasta la costa de Manhattan. El general británico William Howe tuvo dos momentos de vacilación y eso permitió que los norteamericanos lograran escapar. No obstante, en noviembre Howe ya había tomado el Fuerte Washington, en la isla de Manhattan, y la ciudad de Nueva York habría de continuar bajo el control británico hasta el final de la guerra.

En diciembre, las fuerzas de Washington estaban al borde del desastre cuando las provisiones y la ayuda prometida no llegaron a materializarse. Sin embargo Howe tampoco aprovechó esa ocasión para aplastar a los norteamericanos y decidió esperar hasta la primavera para reanudar la lucha. Entre tanto, Washington cruzó el río Delaware, al norte de Trenton, New Jersey. En las primeras horas de la mañana del 26 de diciembre, su tropa tomó por sorpresa la guarnición de Trenton e hizo más de 900 prisioneros. Una semana después, el 3 de enero de 1777, Washington atacó a los británicos en Princeton y recuperó casi todo el territorio formalmente ocupado por ellos. Las victorias de Trenton y Princeton dieron nuevo vigor al quebrantado espíritu de los norteamericanos.

Howe venció al ejército de la Unión en Brandywine, Pennsylvania en 1777, y ocupó Filadelfia, obligando al Congreso Continental a huir. Washington tuvo que soportar el gélido invierno de 1777-1778 en Valley Forge, Pennsylvania, sin suficiente alimento, ropa o provisiones. La tropa norteamericana no sufrió sólo por la escasez de esos artículos, sino por el hecho de que los agricultores y los mercaderes preferían vender sus bienes a cambio del oro y la plata de los británicos, que por el papel moneda que el Congreso Continental y los estados emitían.

Valley Forge marcó el punto más bajo en la marcha del Ejército Continental de Washington, pero el año 1777 resultó ser el momento decisivo de la guerra. A fines de 1776, el general británico John Burgoyne trazó un plan para invadir Nueva York y Nueva Inglaterra a través del lago Champlain y el río Hudson. Por desgracia para él, su equipo era demasiado pesado para transitar por aquellos terrenos boscosos y de marisma. En Oriskany, Nueva York, una partida de realistas e indios bajo el mando de Burgoyne fueron presa de una fuerza norteamericana ágil y madura. En Bennington, Vermont, otro grupo de fuerzas de Burgoyne que trataba de obtener las tan necesarias provisiones, tuvo un encuentro con la tropa estadounidense. La batalla que allí se produjo retrasó lo suficiente al ejército de Burgoyne para permitir a Washington enviar refuerzos desde la parte baja del río Hudson, cerca de Albany, Nueva York. Para cuando Burgoyne reanudó la marcha, los norteamericanos ya lo esperaban. Encabezados por Benedict Arnold -quien más tarde traicionaría a los norteamericanos en West Point, Nueva York- los insurgentes repelieron dos veces a los británicos. Burgoyne se retiró a Saratoga, Nueva York, donde las fuerzas norteamericanas bajo el mando del General Horatio Gates cercaron a la tropa británica. El 17 de octubre de 1777 Burgoyne se rindió con todo su ejército. Los británicos perdieron seis generales, otros 300 oficiales y 5.500 soldados.

 

LA ALIANZA FRANCO-NORTEAMERICANA

En Francia había mucho entusiasmo por la causa norteamericana: el propio mundo intelectual francés estaba en franca rebelión contra el feudalismo y los privilegios. Sin embargo, la Corona dio su apoyo a las colonias por motivos más geopolíticos que ideológicos: desde la derrota de Francia en 1763, el gobierno de ese país estaba ansioso de ajustar cuentas con Gran Bretaña. Benjamin Franklin fue enviado a París en 1776 para trabajar por la causa norteamericana. Su ingenio, astucia y talento hicieron que su presencia muy pronto fuera percibida en la capital francesa, y su papel fue importante para conseguir la ayuda de Francia.

Francia les empezó a dar ayuda a las colonias en mayo de 1776, cuando envió a Norteamérica 14 barcos con pertrechos de guerra. De hecho, la mayor parte de la pólvora que usaron los ejércitos insurgentes llegó de Francia. Después de la derrota de los británicos en Saratoga, los franceses vieron la oportunidad de debilitar a su antiguo enemigo y restablecer el equilibrio de poder que se había perturbado a causa de la Guerra de los Siete Años (es decir, la que tuvo lugar entre los galos y los indios). Los Estados Unidos y Francia firmaron un Tratado de Amistad y Comercio el 6 de febrero de 1778, por el cual París reconoció a la Unión Americana y le otorgó concesiones comerciales. Los dos países firmaron también un Tratado de Alianza en el cual se estipuló que si Francia entraba en la guerra, ninguno de los dos depondría las armas mientras la Unión Americana no ganara su independencia; que ninguno de ellos firmaría la paz con los británicos sin el consentimiento del otro; y que cada uno garantizaba las posesiones del otro en América del Norte. Ese fue el único tratado bilateral de defensa que firmaron los Estados Unidos o sus predecesores antes de 1949.

La alianza franco-estadounidense no tardó en extender el conflicto. En junio de 1778, la flota británica hizo fuego contra los barcos franceses, y los dos países entraron en guerra. Con la esperanza de recobrar los territorios que perdió a manos de los británicos en la Guerra de los Siete Años, España se involucró en el conflicto en 1779, luchando en el bando de Francia, pero no como aliada de los norteamericanos. En 1780 Gran Bretaña les declaró la guerra a los holandeses, quienes no habían dejado de comerciar con la Unión Americana. La combinación de esas potencias europeas, con Francia a la cabeza, fue una amenaza mucho mayor para los británicos, que si las colonias de América del Norte hubieran luchado solas.

 

LOS BRITÁNICOS SE DIRIGEN AL SUR

Con Francia ya involucrada en el conflicto, los británicos se volvieron a retirar hacia el sur. Ellos pensaron que podrían sofocar la rebelión con más facilidad en esa región, pues creían que la mayoría de los sureños eran realistas. La campaña británica para someter a las colonias del sur se inició a fines de 1778, con la toma de la ciudad de Savannah, Georgia. Poco después, los soldados británicos se dirigieron a Charleston, Carolina del Sur, que era el principal puerto meridional. La Corona puso también en juego sus fuerzas navales y anfibias, y logró mantener a raya a las fuerzas norteamericanas en la península de Charleston. El 12 de mayo, el General Benjamin Lincoln capituló, entregando la ciudad y sus 5.000 soldados, en lo que fue la mayor derrota de la Unión Americana en la guerra.

Tal parece que los reveses de la fortuna les infundieron más audacia a los rebeldes norteamericanos. Los habitantes de Carolina del Sur muy pronto empezaron a rondar por la campiña y atacaron las líneas de aprovisionamiento de los británicos. En julio el general norteamericano Horatio Gates, que había logrado formar una fuerza sustituta de milicianos sin entrenamiento, se lanzó sobre Camden, Carolina del Sur, para enfrentarse a las fuerzas británicas comandadas por el General Charles Cornwallis. Sin embargo los soldados inexpertos del ejército de Gates sintieron pánico y huyeron al recibir el ataque de los soldados del rey. La tropa de Cornwallis trabó combate en muchas otras ocasiones con los norteamericanos, pero la batalla más importante tuvo lugar a principios de 1781 en Cowpens, Carolina del Sur, y en ella los norteamericanos derrotaron por completo a los británicos. Después de una persecución extenuante e inútil a través de Carolina del Norte, Cornwallis prefirió poner la mira en Virginia.

 

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