Colonialismo en America





Historia de la colonizacion americana

La mayoría de los colonizadores que llegaron a América del Norte en el siglo XVII eran ingleses, pero también se asentaron holandeses, suecos y alemanes en la región media; unos cuantos hugonotes franceses en Carolina del Sur y otros lugares; esclavos de África, sobre todo en el sur; y grupos dispersos de españoles, italianos y portugueses en todas las colonias.

Historia de la colonizacion americana Colonialismo en America

Historia de la colonizacion americana

A partir de 1680, Inglaterra dejó de ser la fuente principal de la inmigración. Miles de refugiados salieron de la Europa continental a fin de escapar de la senda de la guerra. Muchos dejaron su hogar con tal de poder sustraerse de la pobreza que les había sido impuesta por la opresión del gobierno, por los caciques y por los patrones ausentes.

Ya en 1690, la población de la Unión Americana había llegado a un cuarto de millón de habitantes. A partir de entonces, dicha población se duplicaría cada 25 años, hasta que en 1775 llegó a totalizar más de 2,5 millones.

Aun cuando las familias se podían mudar de Massachusetts a Virginia, o de Carolina del Sur a Pennsylvania sin necesidad de hacer reajustes, las diferencias entre las colonias eran marcadas, y lo eran aún más entre los tres distintos grupos regionales de colonias.

 

LAS COLONIAS DE LA REGIÓN MEDIA

La sociedad de las colonias de la región media era mucho más variada, cosmopolita y tolerante que la de Nueva Inglaterra. En muchos aspectos, Pennsylvania y Delaware le debieron su éxito inicial a William Penn.

Bajo la guía de Penn, Pennsylvania funcionó muy bien y creció con rapidez. En 1685 su población ya era de casi 9.000 habitantes. El corazón de la colonia era Filadelfia, una ciudad que pronto sería conocida por sus amplias calles arboladas, sus sólidas casas de piedra y ladrillo, y la intensa actividad de sus muelles. Al final de la época colonial, casi un siglo después, las 30.000 personas que vivían allí tenían muchos idiomas, credos y oficios. El talento de la población para el éxito en el comercio hizo de la ciudad uno de los centros más prósperos de la Unión Americana colonial.

Si bien es cierto que los cuáqueros predominaban en Filadelfia, en el resto de Pennsylvania estaban bien representadas otras religiones. Los alemanes llegaron a ser los granjeros más hábiles de la colonia. También fueron importantes las industrias familiares, como las de tejidos, calzado, fabricación de muebles y otros oficios.

Pennsylvania fue también la puerta principal del Nuevo Mundo para los escoceses e irlandeses, que llegaron a la colonia a principios del siglo XVIII. Aquellos "forasteros audaces e indigentes", como los llamó un funcionario de Pennsylvania, odiaban a los ingleses y se mostraban suspicaces ante cualquier tipo de gobierno. Los escoceses y los irlandeses tendían a asentarse en la espesura del bosque, donde desmontaban la tierra y vivían de la caza y de la agricultura de subsistencia.

Aun cuando la población de Pennsylvania era muy heterogénea, Nueva York fue la mejor ilustración del carácter políglota de Norteamérica. En 1646, la población asentada en las riberas del río Hudson incluía holandeses, franceses, daneses, noruegos, suizos, ingleses, escoceses, irlandeses, alemanes, polacos, bohemios, portugueses e italianos, es decir, los precursores de muchos otros millones de personas que llegarían después.

Los holandeses siguieron teniendo una importante influencia económica y social en la región de Nueva York, mucho después de la caída de New Netherland y de su integración al sistema colonial británico. Las casas con agudos techos de dos aguas llegaron a ser un rasgo permanente de la arquitectura de la ciudad, y los mercaderes le dieron a Manhattan gran parte de su bulliciosa atmósfera comercial.

 

LAS COLONIAS DEL SUR

A diferencia de Nueva Inglaterra y las colonias de la región media, los asentamientos del sur eran predominantemente rurales: Virginia, Maryland, Carolina del Norte y del Sur, y Georgia.

A fines del siglo XVII, la estructura económica y social de Virginia y Maryland se basaba en los grandes hacendados y los pequeños terratenientes. Los hacendados asentados en la región de las aguas de marea, con el apoyo del trabajo de esclavos, detentaban casi todo el poder político y las mejores tierras. Ellos erigieron grandes mansiones, adoptaron una forma aristocrática de vida y se mantuvieron lo más posible en contacto con el mundo de la cultura en el extranjero.

Al mismo tiempo, los pequeños terratenientes granjeros, que trabajaban sus minúsculas parcelas, se organizaron en asambleas populares y hallaron la forma de llegar a ocupar cargos políticos. Su franca actitud de independencia era una continua admonición para que la oligarquía de los dueños de plantaciones no usurpara demasiado los derechos de los hombres libres.

Charleston, en Carolina del Sur, llegó a ser el principal puerto y centro comercial del sur. Allí los colonizadores pronto aprendieron a combinar la agricultura y el comercio, y el mercado llegó a ser una fuente importante de prosperidad. Los densos bosques también produjeron réditos: la madera, el alquitrán y la resina de los pinos de hoja larga proveyeron algunos de los mejores materiales del mundo para la fabricación de barcos. Sin estar atadas a un solo cultivo, como en el caso de Virginia, Carolina del Norte y del Sur produjeron e importaron también arroz e índigo, un tinte azul que se extraía de plantas nativas y se usaba para el teñido de telas. Hacia 1750, más de 100.000 personas vivían en las dos colonias de Carolina, la del Norte y la del Sur.

En las colonias más australes, como en todas las demás, el crecimiento de la población en las comarcas apartadas tuvo especial importancia. Los inmigrantes alemanes y los escoceses e irlandeses, que no deseaban vivir en los asentamientos originales de mareas donde la influencia inglesa era fuerte, se internaron más en el país. Los que no lograron hallar tierra fértil junto a la costa, o los que ya habían agotado sus tierras originales, encontraron un pródigo refugio en las colinas ubicadas más al oeste. A pesar de que sus penurias eran enormes, los infatigables colonizadores siguieron llegando, y en la década de 1730 se concentraron en el valle Shenandoah de Virginia. Muy pronto el interior quedó salpicado de granjas.

Aun viviendo en el borde del territorio indio, las familias de la frontera construyeron cabañas, desmontaron algunos sectores del bosque y cultivaron trigo y maíz. Los hombres usaban ropa de cuero, hecha con la piel de venados y ovejas, conocida como ante; las mujeres usaban prendas que ellas mismas tejían en su casa. Su alimentación consistía en venado, pavo salvaje y pescado. También tenían sus propias diversiones: grandes banquetes con "barbacoa", festejos en honor de las parejas recién casadas, competiciones de tiro al blanco y concursos en el arte de tejer edredones. Los cobertores de ese tipo siguen siendo hoy una tradición en los Estados Unidos.

 

SOCIEDAD, ESCUELAS Y CULTURA

Un factor importante por el cual no surgió una aristocracia o clase alta poderosa en las colonias, fue el hecho de que todos los pobladores de éstas podían ir a establecerse en otras tierras, allá en la frontera. De este modo los personajes dominantes en las regiones de mayor auge, ante la amenaza de un éxodo masivo hacia la frontera, se sentían obligados, una y otra vez, a liberalizar sus políticas, sus requisitos para la concesión de tierras y todo lo referente a las prácticas religiosas. El movimiento hacia las faldas de las montañas fue de enorme importancia para el futuro de los EUA.





Otro hecho de igual significado para el futuro fue que en el periodo colonial se sentaron los cimientos de la educación y la cultura en los Estados Unidos. La Escuela Superior Harvard fue fundada en 1636 en Cambridge, Massachusetts. Hacia el final del siglo se estableció en Virginia la Escuela Superior de William and Mary. Unos cuantos años más tarde, la Escuela Colegiada de Connecticut, que más tarde se convertiría en la Escuela Superior Yale, recibió su acta constitutiva. Sin embargo fue aún más notable el desarrollo de un sistema escolar sostenido por la autoridad del gobierno. El énfasis puritano en la lectura directa de la Sagrada Escritura subrayó la importancia de la alfabetización.

En 1647 la Colonia de la Bahía de Massachusetts promulgó el acta de "el viejo y engañoso Satanás", por la cual se exigió que toda ciudad donde vivieran más de 50 familias fundara una escuela de gramática (es decir, una escuela de latín en la cual se preparara a los estudiantes para la educación superior). Poco después, todas las demás colonias de Nueva Inglaterra siguieron el ejemplo, con excepción de Rhode Island.

Los primeros inmigrantes de Nueva Inglaterra trajeron consigo sus pequeñas bibliotecas y siguieron importando libros de Londres. Ya en la década de 1680, los libreros de Boston tenían un próspero negocio en la venta de obras de literatura clásica, historia, política, filosofía, ciencia, teología y "bellas letras". La primera prensa en las colonias inglesas, y la segunda en América del Norte, fue instalada en la Escuela Superior Harvard en 1639.

La construcción de la primera escuela de Pennsylvania se inició en 1683. En ella se enseñaba lectura, escritura y teneduría de libros. A partir de entonces todas las comunidades cuáqueras tomaron providencias, de algún modo, para impartir la enseñanza elemental a sus hijos. La educación más avanzada -en lenguas clásicas, historia y literatura- se ofrecía en la Escuela Pública Friends, que todavía hoy funciona en Filadelfia con el nombre de Escuela Constitutiva William Penn. La educación escolar era gratuita para los pobres, pero los padres que tenían recursos debían pagar una cuota.

En Filadelfia, muchas escuelas privadas sin filiación religiosa enseñaban idiomas, matemáticas y ciencias naturales; también había escuelas nocturnas para adultos. Las mujeres no estaban del todo excluidas, pero sus oportunidades educativas se limitaban a la capacitación en las actividades propias del hogar. Así pues, las hijas de los ciudadanos prósperos de Filadelfia tenían maestros particulares de francés, música, danza, pintura, canto, gramática y a veces incluso teneduría de libros.

En el siglo XVIII, el desarrollo intelectual y cultural de Pennsylvania reflejaba en gran medida la vigorosa personalidad de dos hombres: James Logan y Benjamin Franklin. Logan era el secretario de la colonia, y fue en su excelente biblioteca donde el joven Franklin conoció las obras científicas de más actualidad. En 1745, Logan construyó un edificio para alojar su colección y donó a la ciudad tanto el edificio como los libros.

Franklin contribuyó aún más a la actividad intelectual de Filadelfia. Él fundó un club de debates que llegó a ser el embrión de la American Philosophical Society. Sus actividades condujeron también a la fundación de una academia pública que más tarde llegaría a ser la Universidad de Pennsylvania. Franklin fue un factor esencial en la creación de una biblioteca por suscripción, que él mismo describió como "la madre de todas las bibliotecas de suscripción en América del Norte".

En las colonias del sur, los hacendados y los comerciantes ricos traían mentores particulares, de Irlanda o Escocia, para la educación de sus hijos. Otros enviaban a sus descendientes a hacer sus estudios en Inglaterra. Puesto que tenían a su alcance esas oportunidades adicionales, las clases altas de la región más próspera no tenía interés alguno en apoyar la educación pública. Además, la proliferación de granjas y plantaciones hizo que fuera muy difícil la creación de escuelas de la comunidad. Había unas cuantas escuelas gratuitas en Virginia; la Syms School fue fundada en 1647 y la Eaton School en 1659.

A pesar de todo, el deseo de aprender no se confinaba a los linderos de las comunidades establecidas. En la frontera, los escoceses e irlandeses que vivían en cabañas primitivas eran firmes partidarios de la educación, e hicieron grandes esfuerzos para llevar ministros ilustrados a sus asentamientos.
La producción literaria en las colonias se limitó en gran parte a Nueva Inglaterra. En esa región la atención se centraba en los temas religiosos; los sermones eran el material más común para la prensa. Un célebre ministro puritano, el reverendo Cotton Mather, escribió cerca de 400 libros. En su obra maestra, Magnalia Christi Americana, presentó el relato de la historia de Nueva Inglaterra. Sin embargo la obra más popular de la época fue el largo poema del reverendo Michael Wigglesworth titulado "El Día del Juicio", donde se describe el juicio final con tintes terroríficos.

En 1704 fue fundado el primer periódico colonial que tendría éxito, en Cambridge, Massachusetts. En 1745 ya se publicaban 22 periódicos en todas las colonias.

En Nueva York se dio un paso importante para establecer el principio de la libertad de prensa, a raíz del caso de Johann Peter Zenger, cuyo diario New York Weekly Journal, fundado en 1733, era la voz de la oposición al gobierno. Al cabo de dos años de publicarse el periódico, el gobernador de la colonia ya no pudo tolerar los comentarios satíricos de Zenger, y lo envió a la cárcel bajo el cargo de publicar un libelo sedicioso. Zenger siguió editando su diario desde la cárcel durante los nueve meses de su juicio, el cual suscitó un gran interés en todas las colonias. Andrew Hamilton, el eminente abogado que defendió a Zenger, demostró que los cargos publicados por éste eran veraces, y por lo tanto no constituían una calumnia. El jurado dictó un veredicto de inocencia y Zenger quedó libre.

La prosperidad de las ciudades de la costa oriental -que suscitó el temor de que el demonio estuviera atrayendo a la sociedad hacia la búsqueda de ganancias mundanas- aunada a la influencia de la Ilustración, provocó una reacción religiosa en la década de 1730 que llegó a ser conocida como el Gran Despertar.

Su inspiración provino de dos fuentes: George Whitefield, un cristiano renacido seguidor de Wesley, que llegó de Inglaterra en 1739, y Jonathan Edwards, quien al principio fue miembro de la Iglesia Congregacional de Northampton, Massachusetts.

Whitefield inició un renacimiento religioso en Filadelfia y más tarde se trasladó a Nueva Inglaterra. Con sus exhibiciones histriónicas, sus gestos y su emotiva oratoria, lograba reunir un público hasta de 20.000 personas en sus presentaciones. La inquietud religiosa se propagó por toda Nueva Inglaterra y en las colonias de la región media, cuando los ministros se separaron de las iglesias establecidas y predicaron la renovación espiritual.

Una de las personas en las que Whitefield influyó fue Edwards, y éste llevó al Gran Despertar a su culminación en 1741, cuando pronunció su sermón "Los pecadores en las manos de un Dios iracundo". Edwards no era afecto a lo teatral, y pronunciaba sus sermones en un tono tranquilo y reflexivo. Él hizo énfasis en que las iglesias establecidas trataban de privar al cristianismo de su contenido emocional. En su obra magna, Of Freedom of Will (Sobre el libre albedrío) de 1754, trató de reconciliar el calvinismo y la Ilustración.

El Gran Despertar dio lugar a varias denominaciones evangélicas y al espíritu del movimiento renovador de la fe, que aún hoy tiene un papel significativo en la vida religiosa y cultural de los Estados Unidos. Con él se debilitó la posición del clero establecido y se indujo a los creyentes a confiar en su propia conciencia. Tal vez lo más importante fue que eso dio lugar a la proliferación de sectas y denominaciones, lo cual fomentó a su vez la aceptación general del principio de la tolerancia religiosa.

 








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1 comentario
  1. Yo opino que es re largo .

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